Siempre hemos creído que las decisiones personales son aquellas pequeñas pero sabias acciones que tomamos en cuenta para trazar nuestro destino o futuro, pero que tan cierto son dichas “decisiones personales”. Realmente creemos esa tontería absurda ¿qué somos dueños de nuestro propio destino? No pretendo romper con la causalidad de la vida y mucho menos retar a Newton y su 3ra ley, pero si hacer una breve reflexión de las acciones que llevan a la reacción la cual creemos que son o fueron “nuestras decisiones”.

Vivimos en una era en donde la información pareciera ser vital y de hecho lo es, conocer de antemano si habrá lluvia o no es importante para “decidir” si llevamos el paraguas o lo dejamos en casa. Pero la información a la cual me refiero es la que subyace bajo la creencia de necesitar algo cuando es otra la realidad. A cada momento vemos que estamos siendo bombardeados por la fastidiosa pero a la vez pseudo-necesaria publicidad en Internet, la cual queramos o no nos obliga a elegir o desechar un producto, una idea o un sentimiento.

Un experimento sencillo o bueno tres experimentos que podemos hacer para darnos cuenta de ello es ir ahora mismo a la tienda y ver los productos que allí ofrecen, acá podemos observar que realmente no queríamos ir a la tienda (1era experiencia) sólo que fuimos para ver de que se tratan los mencionados tres experimentos, la decisión no la tomaron ustedes sino la tomé yo al escribir estas líneas, pero el hecho reinante es que se encuentran en una tienda sin la más mínima razón por la cual están allá, pero ya que estamos aquí sigamos (2da experiencia) conscientes estamos (o al menos eso quisiera creer) que hemos sido alienados con el falso interés de complacer ciertas necesidades y es por ello que frecuentamos cierto tipo de tiendas, pero pensemos que es un simple abasto al cual “decidimos” ir, y vemos cierto producto en alguna de las repisas, es probable que no tengamos la urgencia de comprarlo, pero inconscientemente lo llevamos.

Por último (3era experiencia) si realmente hubiésemos ido al abasto a comprar algo que necesitábamos la elección quedaría establecida por una guerra de marcas la cual nos hace llegar a la tesis del asunto, no podemos escoger lo que realmente queremos sino lo que lastimosamente nos ofrecen. No por ello debemos sentir que hemos vivido una vida de conformismo, mucho menos cuestionar cada decisión por más mínima o compleja que sea, pero si pensar por un momento que las decisiones que tomamos a diario son el resultado de nuestras vivencias.

La decisión de elegir un camino u otro dependerá de todos y de cada uno de nosotros, a la final si elegimos y tenemos la facultad de cambiar los productos de la repisa, no tenemos que vivir con el conformismo y mediocridad a la cual nos han acostumbrado siempre y que dentro de nosotros existe la fuerza para cambiar.